Obreros de la educación

Cuando Niklas Luhmann habla de tecnología [1], lo hace un sentido muy general, considerando como tecnología el conjunto de normas, reglas, manuales, procedimientos, dispositivos, etc., que facilitan la operación de una organización mediante la reducción de la necesidad de la reflexión para la toma de decisiones en las operaciones que se realizan en su interior. Luhmann comenta entonces que si bien existen subsistemas funcionales que hacen un uso extenso de la tecnología, como es el caso del Derecho, existen otros que la rechazan y reducen su uso al mínimo indispensable, como es el caso de la Educación. Una manera de explicar este fenómeno es que la orientación humanista de la educación, su exaltamiento de lo humano en el estudiante y su maestro, de su libertad para la toma de decisiones, es un mecanismo que facilita la participación de los seres humanos en el mantenimiento de las condiciones de subsistencia de la sociedad [2].

Lo anterior hace mucho sentido si consideramos lo que podría llamarse la figura clásica del docente, apreciado como pilar de la sociedad en su carácter de formador de las generaciones futuras, que se puede apreciar en películas como Simitrio [3]. Sin embargo, me parece que la situación ha cambiado bastante, particularmente en el ámbito de una educación superior masificada, como la educación superior pública en México, en la que el docente se ha convertido en un obrero de la educación; esto es, un empleado de una organización educativa que realiza tareas accesibles a un segmento relativamente amplio de la población y que, por consecuencia, puede ser reemplazado con relativa facilidad.

Una manera de explicar esta situación, de acuerdo con Luhmann, sería la irrupción de la tecnología en el ámbito educativo; pero no de la tecnología digital, que generalmente es utilizada para sostener las mismas prácticas educativas en entornos digitalizados —los mismos programas, los mismos cursos, los mismos grupos, los mismos periodos educativos, las mismas tareas, las mismas fechas de entrega, las mismas calificaciones e incluso las mismas interacciones docente-estudiantes— sino la tecnología administrativa; esto es, la proliferación de normas, manuales, procedimientos y procesos burocráticos, operados por una jerarquía cada vez más alta de administradores que han reclamado para sí mismos el rol central en la Educación y, con ello, la toma de las decisiones importantes en ésta.

Para ilustrar esta perspectiva recurriré a dos ejemplos de experiencias personales. El primero de ellos es mi sentir, a un año de haber dejado la coordinación del Doctorado en Sistemas y Ambientes Educativos en el Sistema de Universidad Virtual (SUV) de la Universidad de Guadalajara (UDG), después de haber ocupado el puesto por siete años. Extrañaba varias cosas, como era tener un lugar en el estacionamiento del SUV y ver mi auto desde la ventana de mi oficina, pero lo que más extrañaba era enterarme de qué estaba pasando en el SUV y la UDG. Extrañaba atisbar las fuerzas, las tendencias, los planes y las decisiones que conducían a mi dependencia y a la universidad. Porque un año después, como obrero de la educación, no me enteraba de nada.

La segunda experiencia la estoy viviendo ahora, tras el anuncio de nuestro Rector General, a principios de mayo de este año, de un proceso de reingeniería de fondo del SUV. Han pasado ya dos meses desde el anuncio, el presupuesto se ha cerrado y con él los contratos de confianza y, potencialmente, los contratos de los muchos profesores de asignatura sobre cuyos hombros recae la mayor parte de la enseñanza en el SUV. Sin embargo, como académicos no sabemos nada de qué está pasando en la reingeniería, qué información se está revisando y cuáles son los criterios que subyacen la toma de decisiones sobre nuestro centro de trabajo.

Se entiende que uno de los objetivos principales de la reingeniería —educativos, que no vamos ha discutir aquí sus fines políticos— es la habilitación de la universidad para un uso más amplio e informado de la tecnología digital en modalidades híbridas; que el SUV es, por definición y experiencia, la punta de lanza de la UDG en el uso de la tecnología digital con fines educativos; que la planta de docentes de tiempo completo del SUV constituimos el mayor grupo de expertos en tecnología digital y educación de la UDG, con una variedad importante de aproximaciones al tema; que nuestra formación y experiencia podría ser sumamente útil para trazar las líneas principales del nuevo diseño. Sin embargo, no sabemos nada; solamente que tenemos que seguir esperando hasta que nos digan, cuando las decisiones hayan sido tomadas, lo que el destino nos depara.

Referencias

[1] Luhmann, Ni. (2018). Technology. En D. Baecker (Ed.), & R. Barrett (Trad.), Organization and Decision (pp. 299–315). Cambridge University Press.

[2] Ontiveros Quiroz, S. J. (1997). Luhmann: Una visión sistémica de lo educativo. Perfiles Educativos, XIX(78), 24–38.

[3]: Muriel, E. G. (1960, octubre 6). Simitrio [Drama, Familiar]. Producciones Corsa S.A.

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